Es tiempo de dolor y recuerdo...
Hace ya mucho tiempo que mis hijos no me pertenecen, y creo que se han vuelto grises, duros. Asumo que en parte es culpa mía...pues anduve mucho tiempo perdida, huyendo hacía adelante cuando había tantas cosas que hacer por ellos, para ellos...y les dejé “solos”subiendo cuestas muy empinadas....Ahora, ellos, mis hijos son una especie de desconocidos que me miran con ojos de rencor y fracaso, y siento que me tratan como a una obligación moral a la que no quisieran hacer frente...
Quedan mis nietecitos...bueno, quedaban la nietecita maravillosa mujer en la que mi nieta mayor se está convirtiendo. Yo no puedo olvidar el día que llegaste a mi vida, paseaba por aquel pasillo sin querer apartar la mirada de aquella puerta que me separaba de tu madre, mi hija, ni puedo olvidar el temblor de mis piernas, ni la sequedad de boca, ni la ansiedad que sentía al saber que tu estabas a punto de entrar en nuestras vidas...Aún conservo su imagen en mi retina, cuando la vi por vez primera...tan pequeña, tan linda, tan vulnerable...y como consiguió que por primera vez en mucho tiempo yo me sintiera importante, ¡ muy importante! Aquella belleza de ser era parte de mi...algún día de mi vida hice algo que daría ese maravilloso fruto...un día yo, y nadie más que yo había parido a la madre de mi nietecita, y si, era parte de mi semilla...Si, ella me dio las verdaderas ganas de vivir, ella me transmitió ilusión y fuerza, ella le dio un sentido muy hermoso a mi existencia, gracias a ella se obró el milagro que yo nunca creí que existiría...Me embargaba la emoción y las ganas de verla crecer, de verla crecer sana y feliz...quise y quiero que todos los días de su vida sean así...¡ felices muy felices...Ella me hizo sentir el verdadero orgullo...
Ella, hasta hace muy poco tiempo era la única capaz de mirarme directamente a los ojos traspasándomelos de verdad y alma pura...
Solía sentarse muy cerca de mi cuando me veía acomodarme en un sillón, y me cogía la mano, tiraba de mis dedos y acariciaba las venas nudosas de mi mano, y me pedía que le contara historias, ¡ todas las historias...!
Y yo hablaba y hablaba y ella me pasaba la mano por las mejillas si me veía emocionarme y me preguntaba angustiada, ¿ Estás bien yaya ?.
Yo siempre le contaba que a ELLA ( mi hija ELENA) siempre le había gustado reír a carcajadas, con la boca llena de alegría, achinando los ojos e iluminando el rostro, siempre radiante, con una risa sincera y abierta, aunque se tapaba la boca con sus preciosas manos para no mostrar su dentadura, pero la risa era siempre su mejor aliada, su habitual compañera...
Por eso, cuando se fue al mundo oscuro aquel, se le borró la risa la dejó seca, el rostro enjuto y despojada del llanto también y sin emoción alguna... Por eso cuando volvió, cuando regresó a nuestras vidas, cuando se reconcilió con el mundo y con ella misma, nos miraba a todos con sorpresa y lloró y volcó hacia fuera todo el dolor que la había llevado a buscar caminos tan duros e inhóspitos... Pero cuando se estaba reconduciendo a la alegría, a la risa, a ser ella...¡ la de siempre...! se nos fue para nunca más regresar, ya no la vería más...( hace ya quince años que la perdí)
No me gusta abrir la ventana del recuerdo que causa dolor, tanto dolor...así es que siempre ,antes de llegar a este apartado...le decía a mi nietecita que ELLA, su tía, mi hija, antes de irse para siempre había recuperado la risa, su risa....
Y le contaba, que yo, su abuela, solo era materialista con las cosas que han cobrado vida tras pertenecer a la gente que queremos de verdad. No son las cosas más caras, sino las que más defienden a la persona, las que nos transmiten su esencia, lo que eran y lo que sentían.
De ELLA solo conservo eso, lo que era, lo que sentía y no necesito nada más para recordarla siempre.
Me gustaría haberles transmitido a mis nietos que yo, su abuela, formo parte de los tesoros que encierra el recuerdo de mi niña y que yo formo parte de los suyos.
Le contaba que cuando ella llegó a mi era como un regalo...¡ El mejor de los regalos...
También mi nietecito significa tanto para mi, aunque hable más de mi niña, es solo porque fue la que abrió el camino al amor que después sentiría por mi pequeño Alejandro...
Ahora, ya no son como eran, ahora me dicen que son mayores, ¿ como decirles que la edad solo nos pone etiquetas en el cuerpo, pero no en el alma...? El único resorte con el que realmente aprendemos a respirar.
Somos lo que somos, vosotros y yo, nosotros, vivamos eso, vuestra abuela en vosotros, ¡¡¡¡ MI HIJA EN MI...!!!.
OS QUIERO
lunes, 4 de enero de 2010
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Me he emocionado mucho con este texto tan hermoso.
ResponderEliminarUn beso y un abrazo muy fuerte.